En la entrega 19, diciembre de 2009, de Escritos desde la Sala, en un aparte del comentario que dedicamos a su novela Cristina se baja del columpio, enumerábamos así el quehacer de su vida: “Empleado fabril, boxeador juvenil, futbolista, cantinero (dueño del Bar Martini, en el barrio Guayaquil), dueño del estadero Caminito, fundador de una fábrica de gaseosas en la Costa; columnista de El Correo y de El Colombiano durante toda su vida; director del diario El Sol, cofundado por él; jefe de redacción en varias publicaciones; director de la revista Vea Deportes; corresponsal de las revistas Estampa, Arco, Deporte Gráfico, El obrero y otras; periodista en Radio Sutatenza por más de quince años; libretista de programas radiales en RCN, Ecos de la Montaña, Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia y otras emisoras; corresponsal de agencias extranjeras, locutor deportivo; director de la Imprenta Departamental y de la Colección Autores Antioqueños; cofundador de la Editorial Papel Sobrante; Coordinador del Festival Latinoamericano del libro en Bogotá, Caracas, La Habana y Medellín”.
El recuento esquemático de su vida laboral impone una sensación estimulante de vida asumida en el polo opuesto de todo adocenamiento, de existencia cumplida “al tope”, como lo proponía Garrincha, el mejor futbolista de todos los tiempos, cuando confesó: “Yo vivo la vida, no dejo que ella me viva a mí”. Pero tratándose de un artista, de alguien para quien su ser en el mundo es inseparable de su quehacer creativo, hay que pensar las cosas como lo propone Marguerite Yourcenar en su ensayo sobre Cavafis: “Cavafis ha dicho y repetido que su obra tiene su origen en su vida; esta, en lo sucesivo, yace por entero en aquella”. Por eso es en sus poemarios, libros de cuentos, crónicas, reportajes y novelas, donde lo vamos a encontrar a Óscar Hernández “de cuerpo entero”: aquello que fue esencialmente como hombre, lo que extrajo de esa experiencia para mejorar la conciencia sobre nuestras vidas, su legado literario, que es el centro de nuestro homenaje al centenario de su nacimiento, y que realizamos en esta edición de Escritos desde la Sala, como lo hicimos en los casos recientes de Manuel Mejía Vallejo, Belisario Betancur, Castro Saavedra y Luis Tejada, con una selección de textos representativos de lo mejor de su talento en los distintos géneros que cultivó, selección que se hace a conciencia del límite inevitable impuesto por las páginas disponibles en nuestra revista, pero que cumplimos como testimonio de agradecimiento emocionado a su obra y para estimular su lectura en las nuevas generaciones.
El editor